Nury (nuryyyy) wrote,
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Fic. Chasing stars. Regalito II

Título: Chasing Stars Spin-Off (Regalito II)
Fandom: RPS/ AU
Pareja: David Boreanaz/Misha Collins (Sí, no te restriegues los ojos que has leído bien y no, no me chuto nada raro, lo juro)
Rating: NC-17
Beteado por: taolee
Advertencias: Lo que viene siendo porno, algo de crack, Chris Kane (y su bendita boquita, aunque no la usa para nada guarro D:) y creo que nada más. (Que esto tiene hasta Plot, señoras. Vale, un poquitín nada más).
Dedicado a: flexikuki porque se tragó un guionista y la cabrona lo acierta todo :DDDDDDDDDD
¿Algo más?: Bien, veamos. Para leer este fic sería recomendable que hubierais leído este fic de taolee. Es un AU de los Jotas (Jared/Jensen o Jensen/Jared) y como todos sus AUs es genial, entretenido y está lleno de porno. PORNO del bueno, os lo digo yo. Sería recomendable pero tampoco voy a deciros lo que hacer, la verdad. Así que esto viene siendo spolier de su fanfic, porque esto es una especie de epilogo/regalo/guión antojo mío que le he escrito. Para que no os perdáis os doy un par de claves.

Jared es un criador de caballos y tuvo algunos problemas financieros, para salvar su granja y las de sus amigos Jeffrey y Misha decidieron montar una línea erótica gay (sí, lo que oyes). Jensen va a dar con esa línea por culpa de su amigo David (sí, Boreanaz) y ahí empieza todo. Decir que David acaba teniendo dudas sobre su sexualidad y Jensen acaba conociendo al hombre de su vida, a.k.a Jared Padalecki.

Hmmm. Creo que con eso tenéis más que suficiente, pero os recomiendo leeros su fic, porque merece la pena.

David se paró frustrado y se giró para agarrar a Chris del asa de su equipaje, tirando de él. No debería haberle sorprendido que se parara a ver el culo a cada azafata que se les cruzaba, pero estaba comenzando a cansarse. El Aeropuerto Internacional de San Antonio era bastante más grande de lo que se esperaban y parecía que estaban tardando una eternidad en llegar a la salida de pasajeros donde Jensen los espera.

Hacía dos meses que Jensen se había marchado de Nueva York para vivir su vida, cuidar caballos, llevar la contabilidad de la granja de su novio y hacer todas esas cosas que se hace en Texas. David no tenía ni puñetera idea de qué sería, pero por fin consiguió un fin de semana libre para poder ir a averiguarlo y disfrutarlo. El hecho de que Chris entrara en la ecuación fue más bien sencillo: se le acopló descaradamente. Tampoco lo culpaba, de todas maneras. Chris echaba de menos a Jensen tanto como él.

-¿Dónde está la puta salida, tío? –Chris lo miró por encima de sus gafas de sol, llevarlas en un interior no parecía importarle mucho.

-A cien metros de ti –dijo sin titubear.

Chris se le adelantó y él lo siguió colocándose bien su mochila sobre el hombro. Fuera había un montón de personas esperando a los pasajeros que aún estaban dentro aguardando que saliera su equipaje, cosa que ellos no tuvieron que hacer al solo llevar una bolsa de mano. David localizó a Jensen al instante y como para no verlo porque a su lado había un tío de casi dos metros que agitaba un brazo, llamándolos. Chris y él se hicieron paso entre la gente y llegaron hasta ellos. Jensen les sonrió ampliamente cuando llegaron a su lado, parecía que la vida en el campo lo trataba bien.

-¿Qué tal el viaje? –preguntó nada más verlos.

-Serás mamón, ¿nos preguntas por el viaje? ¿Ni un puto abrazo, nene? –Chris lo agarró de la camisa y lo estampo contra su pecho dándole unas palmadas exageradas en la espalda.

David aprovechó para saludar a Jared con un apretón de manos fuerte y decidido o al menos pretendía que lo fuera. La conversación mantenida en aquel bar con él seguía rondándole la cabeza y estar allí era en parte por aquello… seguía sin aclararse aunque prefirió ignorar el tema durante los dos últimos meses.

-Ya, Chris, joder. Que hablamos todos los días por teléfono.

David miró a Kane alzando una ceja, éste carraspeó y volvió a ponerse las gafas que se había quitado para saludar a Jensen.

-No mientas. Tampoco hablamos tanto, nene.

Chris se giro hacia Jared para saludarlo, David aprovechó para acercarse Jensen y palmearle la espalda con una sonrisa. Todo mucho menos teatral que Kane.

-Bueno, ¿nos vamos?

Jared se frotó las manos e inició la marcha. Lo siguieron mientras comentaban el viaje y como Chris había llegado directamente de una fiesta a su casa para coger el equipaje y luego había ido corriendo al aeropuerto casi perdiendo el avión.

-No te hubiera esperado –le aseguró David.

Discutieron un poco en broma hasta que llegaron al aparcamiento y se dirigieron hacia el coche de Jensen.

-Lo siento –masculló Jared parándose frente a la parte trasera de un 4x4 negro que, para ser el coche de Jensen que era muy ordenado y escrupuloso, necesitaba un buen lavado. –No pude evitar que viniéramos en su coche.

David alzó una ceja antes de mirar a Chris que los observaba a su vez por encima de las gafas de sol.

-¿Qué le pasa al coche?

-Nada, no le pasa nada –atajó Jensen. –Subid y ya.

-Eh, eh. No. Yo quiero saber qué le pasa.

-Esto es lo que le pasa –dijo Jared mientras se apartaba a un lado y Jensen farfullaba un “joder, Jay”.

-¿Qué pasa?

David se quedó mirando fijamente la parte trasera del coche sin comprender hasta que lo vio, justo en una esquina y en letras bien grandes.

-¿Pa…jero? –David no tenía ni puta idea de dónde estaba la gracia del asunto.

-¿Pajero? -masculló Chris.

Fue el primero en comenzar a reír a carcajadas mientras las mejillas de Jensen se cubrían de rubor y miraba hacia otro lado. Jared también se reía aunque parecía algo mortificado de tener que ir en ese coche.

-¿Un Mitsubishi Pajero, Jensen? Con la de miles de coches que existen, ¿te compras un Pajero?

-No sabía lo que significaba, joder.

-¿Qué significa? –David estaba un poco perdido.

-En español es… bueno, una palabra para designar al hombre que-…

-Qué se mata a pajas, tío –atajó Chris con su habitual sutileza. –Eso exactamente es un pajero.

-Hostia.

David comenzó a reírse sin poderlo evitar, mira que Jensen también…

-Vale, pues os vais andado. O en taxi –masculló Ackles abriendo la puerta del conductor y perdiéndose dentro del coche.

-Venga, Jen… no es nuestra culpa que aprendieras tu español en una clase de monjas –dijo Jared mientras abría el maletero y metían las bolsas de Chris y David dentro.

-Quizás se sentía identificado con el nombre –ofreció Chris intentando no reírse.

-¡Qué os jodan! –gritó Jensen encendiendo el motor. –Os vais andando.

Todos se apresuraron a subirse al coche antes de que Jensen los dejara tirados allí.


*


El viaje hasta la granja de Jared no duró demasiado, lo suficiente para que Chris se echara una cabezadita y Jensen le contara a David algunas anécdotas curiosas que le habían pasado. Nada del otro mundo puesto que seguían en contacto por teléfono y por internet.

-Esa de allí es la granja de Ellen –comentó Jared señalando un granero a lo lejos.

-¿La que se quemó cuando estuviste aquí una vez, Jensen?

El aludido asintió ligeramente y señaló a otra granja un poco más al norte.

-Esa es la de Misha, -siguió contando ésta vez Jensen- la de Jeffrey no se ve desde esta carretera.

-Esta noche conoceréis a Jeff y Misha -le dijo Jared mirándolo por el espejo retrovisor.

-Vienen los dos a cenar.

-¿Cena? –Chris acababa de despertarse y soltó un bostezo antes de seguir hablando. –Estoy deseando volver a probar una de esas míticas comidas tejanas, hace como mil años que no vengo por aquí.

-Pues estás en el sitio adecuado, vaquero.

David sonrió mientras se recostaba en el asiento y miraba el paisaje, él también tenía ganas de probar una de esas comidas. Oh, joder, comida con alimentos, claro. Ninguna otra cosa. Estaban allí para ver a Jensen y descansar.

El resto del camino fue tranquilo y animado, Chris no paró de hablar hasta que entraron con el equipaje en casa de Jared. Jensen les hizo un rápido recorrido antes de anunciarles que tenían solo una habitación libre y que tendría que compartirla a no ser que uno durmiera en el sofá.

-Sofá –dijo rápidamente Chris. –No comparto espacio vital con este tío más de lo necesario.

-Genial, te quedas con el sofá.

-¿Qué? No, macho. Aquí se sortea, solamente decía que uno de los dos va a comerse el sofá este fin de semana. No seas tan rápido.

Lo echaron a suertes.

-Revancha –exigió Chris mirando la cara sonriente de David.

-Has sacado Piedra, te jodes.

-Nada debería ganar a la piedra.

-Tío, joder. El papel envuelve a la piedra y punto –agarró la mochila de Chris del suelo y se la estampó en el pecho con una sonrisa. –Disfruta del sofá.

Chris siguió refunfuñando un rato más antes de que Jared se ofreciera a enseñarles la granja y los caballos. Ambos asintieron y fueron tras Jared. Chris siguió quejándose un rato pero pronto se olvidó que tendría que dormir en el sofá y se dedicó a mirarlo todo con mucho interés. La verdad es que la granja no era ni muy grande ni muy pequeña y se respiraba un aíre de tranquilidad y paz que nunca encontrarían en Nueva York.

-Oye, -empezó Chris mientras los tres iban hacia los establos, Jensen se había quedado mirando unos números y le prometió encontrarlos después -¿y tu trabajo? Ese de las llamadas guarras, reconozco que tengo curiosidad por saber cómo tres granjeros acaban montando una línea erótica y, encima, gay.

David tropezó con sus propios pies y estuvo a punto de comerse el suelo, Chris le lanzó una de sus miradas de <i>pijo de ciudad tenías que ser</i>. Jared sonrió un poco y se encogió de hombros.

-Necesitábamos dinero para salvar nuestras granjas y surgió.

-¿Surgió? Hostia, tío. A mí no se me ocurre montar una línea erótica gay ni de coña y ¿sois todos maricas? –David le arreó un golpe en el brazo y Chris soltó un bufido. –Lo digo sin ofender, cojones.

-No, no lo somos –dijo Jared sin mostrar ningún signo de enfado. –Ahora mismo mi trabajo lo está haciendo Chad y hasta donde yo sé no es gay, no hace falta serlo. Es solamente hablar, no implica ningún sentimiento.

-Ah.

David se pasó una mano por el cabello, nervioso. Eso quería pensar él, nada de sentimientos o pensamientos gay. Tampoco era tan malo que alguien te hablara y te comprendiera, ¿no? Jared le había dicho que a veces solo lo llamaban para charlar y no precisamente gente gay.

-Sigo viéndolo raro de cojones, la verdad.

Chris se apartó el cabello de la cara y comenzó a remangarse las mangas de la camisa a cuadros que llevaba, estaban casi en invierno pero ese día hacía calor.

-Si quieres te dejo coger alguna llamada para probar –sugirió Jared.

Chris llevaba las gafas de sol pero aun así David juraría que pudo ver la mirada horrorizada que le lanzó a Jared.

-No, gracias. Prefiero montar un rato a caballo, la verdad.

David se mordió los labios intentando no pensar, ¿por qué TODO le parecía tan gay? Se estaba volviendo loco, joder.


*


La hora de cenar llegó casi sin que se dieran cuenta. El primero en llegar fue Jeffrey con una botella de Whisky en una mano y una de vino en la otra. Diez minutos después y dos copas en el estomago, Chris lo proclamó su mejor amigo en el mundo.

Una hora después estaban comenzando a pensar que el sexto comensal no llegaría cuando llamaron a la puerta. El tío que entró en el salón seguido de Jensen era extraño y que eso lo dijera alguien que vive en Nueva York se puede considerar casi un insulto. No es que David tendiera a juzgar a las personas a primera vista, pero ese tío le tendió la mano con una sonrisa enorme mientras lo miraba con los ojos más azules que David había visto en mucho tiempo y le informó que llegaba tarde porque…

-Chocolate con leche se ha escapado, hemos tardado dos horas en conseguir que volviera a la cuadra.

David parpadeó sin entender muy bien por qué le contaba eso a él en particular antes de darse cuenta que se lo estaba diciendo a todo el mundo en general.

-Oh –fue lo único coherente que pudo decir antes de sentir como los dedos largos y esbeltos de Misha se deslizaban por el dorso de su mano y le dirigía una última sonrisa antes de presentarse a Chris.

¿Qué coño acababa de pasar? David hubiera jurado que ese apretón había durando más de lo normal y que los dedos que lo habían rozado no deberían haberlo hecho. Sacudió la cabeza y se apresuró a tomarse la copa de vino casi de un sorbo. Cada uno daba el apretón de mano como le salía de los cojones, ¿no?

-¿Quién coño es Chocolate con leche? ¿Un caballo? –Chris siempre en su línea.

-Un poni -informó Misha sonriente mientras aceptaba la copa de vino que le tendía Jared.

-Tenía pensado que era el más manso de todos –dijo Jared mientras caminaban hacia la mesa del salón que estaba hasta los topes de comida. –No como Caramelito de menta, que es tonto.

-¡Qué va!, es un rebelde –se quedó unos instantes en silencio mientras todos tomaban su sitio en la mesa. –Y no insultes a Caramelito de menta, lo que le pasa es que es… especial.

David miró a Chris sin poderlo evitar, ¿solamente él pensaba que esto era un poco raro?

-Misha tiene una granja de ponis –informó Jensen mirándolos mientras tomaba asiento. –Pensaba que os lo había contado.

David negó mientras Chris comenzaba a reírse entre dientes mirando a Misha, pero éste parecía estar en su mundo y no darse cuenta de las risas.

-No, tío. Me acordaría si me dijeras que alguien tiene una granja de ponis –casi graznó Chris intentado contener la risa.

-Y de avestruces.

Ahora Chris comenzó a reír sin poder evitarlo y David se quedó mirando a Collins. Qué tío más raro…

-Tampoco es tan raro, Chris –dijo Jensen intentando que dejara de reírse, probablemente preocupado por lo que pudiera pensar Misha de sus amigos; aunque el tío en cuestión estaba muy ocupado sirviéndose guisantes en su plato y no pareció darle importancia a las risas.

-Hostia, nene. Es que una granja de ponis… Es algo muy gay, joder.

-A las mujeres le encantan los ponis –informó Collins mirándolo con una sonrisa antes de desviar su mirada hasta David. -¿Un hombre que cuida animalitos peludos y encantadores? Se quedan embobadas con los ponis, –sonrió- te lo aseguro.

-Siempre pensé que les iban los hombres malos –dijo Chris agarrando la servilleta.

-Oye, -masculló Jeffrey- tiene razón, ¿eh? Les encantan los ponis, llévalas a verlos y se vuelven locas. Yo llevé a una a la granja y acabamos en-…

David comenzó a reír mucho más relajado, estaban hablando de mujeres y ése era un tema que controlaba a la perfección.

-Mejor ahórranos tus correrías sexuales, Jeff –pidió Jared con una sonrisa.

-¿Eh? ¿Por qué? –Chris parecía interesado. –Quiero saber qué efecto causan los caballos enanos esos en las mujeres.

-Tío… -comenzó Jensen.

-Vale, los equinos bajitos. ¡No quisiera ofender, joder!

El resto de la cena siguió más o menos igual, salpicada de comentarios sexuales subidos de tono por parte de Chris y otros temas de conversación bastante menos picantes por parte de los demás. David por su parte no solía tener problemas en hablar de sexo abiertamente pero últimamente no se sentía cómodo entre sus dudas y su creciente paranoia. No sabía a dónde iba a acabar, pero esperaba que fuera un final placentero. Estaba cansándose de todo ese tema, quería aclararse pero por otro lado estaba cagado de miedo y no tenía ni puñetera idea por dónde empezar. Bueno, ahora estaba en Texas donde nadie lo conocía y podía hacer lo que quisiera…

No, error. También estaba Chris, ¿por qué tenía tan mala suerte?

-Jensen ha hecho el postre –informó Jared después de tres botellas de vino y una cantidad de comida que los obligaría a ir al gimnasio como locos la siguiente semana.

-¿Tú, nene? –preguntó Chris.

-Sí, soy bueno en todo, Kane –le informó Jensen fingiendo un ego que no tenía de verdad.

-Mi niño está hecho toda una mujercita –Chris fingió que se limpiaba una lagrima, estaba ya bastante achispado.

-Vete a la mierda.

Jensen se levantó para ir a la cocina a ayudar a Jared a recoger un poco los platos y Chris lo siguió mientras le decía que era un mal amigo, un traidor y seguramente un pésimo pastelero. Aunque era evidente que todo se lo decía en broma y con cariño.

-Yo voy a ponerme un copazo, chicos, ¿queréis?

David miró a Jeffrey y asintió.

-Claro, podría probar ese Whisky que trajiste.

-No te arrepentirás, chaval –miró a Misha. -¿Uno cómo siempre?

El hombre asintió y Jeffrey salió de la sala. David tardó unos instantes en darse cuenta que en la habitación solamente estaban ellos dos. Misha se inclinó hacia atrás en la silla, sonriendo un poco y David tuvo una visión perfecta del hueso de su clavícula cuando se acomodó mejor en la silla. Misha tenía un cuello largo y esbelto, sombra de barba y una sonrisa que podría iluminar estadios.

David quiso darse de hostias contra la mesa al darse cuenta de sus pensamientos, ¿qué cojones le pasaba?

-Entonces, ¿eres profesor, no?

-¿Eh? –la pregunta le cogió de sorpresa.

Misha soltó una risita y se apoyó en la mesa con el codo antes de apoyar la barbilla en la mano, mirándolo.

-Digo que eres profesor, ¿no?

-Er, sí. De adultos.

-Suena interesante.

-No tanto como criar ponis y llevar una línea erótica gay.

Collins volvió a reír arrugando la nariz y asintió.

-Sí, pero es curioso que todo el mundo piensa que estoy loco por criar ponis y lo otro les parezca hasta normal –David no pudo evitar notar que la camisa se le abría un poco con cada pequeño movimiento. -¿Tú qué crees? ¿Estoy loco?

David lo miró fijamente, el tío tenía unos putos ojazos increíbles y no se los quitaba de encima. Podría estar sentado al otro lado de la mesa pero David sentía como si lo tuviera a diez centímetros de él. Tragó saliva sin saber porqué y Misha aumentó su sonrisa.

-Es raro, la verdad –masculló moviendo la mano sobre la mesa y apartando la mirada. Se sentía invadido. –Pero ¿loco? No creo, ¿has estado en Nueva York, tío? Ahí sí que se ven locuras.

-Sí, he estado –murmuró y David lo volvió a mirar justo cuando Misha se lamía el labio inferior. Una descarga de corriente eléctrica le recorrió la espalda como un latigazo. -¿Crees que debería volver? ¿Hay cosas interesantes en Nueva York? Digo, <i>realmente interesantes.</i>

David comenzaba a pensar que estaba entrando en una espiral de paranoia gay, porque todo aquello le había sonado como si fuera un coqueteo, flirteo o lo que cojones fuera. Que le había sonado a promesas de sexo, joder.


Sintió un movimiento bajó la mesa mientras la sonrisa de Misha se volvía suave poco a poco, casi perezosa y demasiado atractiva. David carraspeó. Todo se estaba volviendo extraño de cojones, estaba comenzando a perder la paciencia y él era profesor; paciencia tenía un rato largo.

-Bueno… -comenzó sin llegar a terminar la frase, los ruidos en el pasillo anunciaban que los demás volvían con el postre y segundos después Chris entraba con un pastel en las manos.

David no pudo evitar sentirse agradecido por la interrupción.

-Pastel de Pacana, tío –anunció Chris dejándolo en mitad de la mesa. –Espero que tenga mejor pinta de la que parece.

-Quiero probar ese postre de Jensen. Seguro que está delicioso –dijo Collins con una sonrisa mientras se levantaba

-Gracias, Misha. Alguien que confía en mis habilidades culinarias, es agradable.

Jensen entró en la sala con los platos. Jared entró después con un bol con nata montada y cucharas. David decidió que no comería nata, no. ¿Nata y dudas acerca de su sexualidad en la misma comida? No, gracias.

-Es que no viven contigo, Jen.

El aludido soltó un bufido y comenzó a partir la tarta. Jeff apareció en ese momento con las copas y se las tendió, David saboreó el whisky y sonrió al hombre.

-Está delicioso –aseguró.

Jeff se limitó a sonreír y agarrar el trozo de pastel que le tendía Jensen.

-¿Eh? ¿Whisky sin mí? –Chris agarró su trozo de tarta y le echó como tres kilos de nata por encima. –No os puedo dejar solos, joder.

-Calla y come, Chris –le dijo Jensen.

-Os sorprendería saber la de mujeres que me dicen eso.

David comenzó a reír, agarró su propio trozo de tarta y lo probó con miedo…

-¡Hostia que esto está bueno, nene! –Chris habló por todos.

-Te lo dije, imbécil.

Todos estuvieron de acuerdo en que Jensen era buen pastelero y a David no le sorprendió nada saber que la receta era de Misha, ¿qué cojones pasaba con ese tío? ¿Criaba ponis y avestruces, regentaba una línea erótica gay y en sus ratos libres hacia pasteles? Chris tuvo el descaro de decírselo y Misha se limitó a encogerse de hombros.

-Sé hacer muchas cosas –aseguró.

David juraría que en ese preciso momento le guiñó un ojo.


*


-¡Venga, Jensen! ¿Venimos a verte y nos quieres dejar encerrados en casa? Yo quiero salir a probar el ganado tejano y no te pido que me lleves a una vaquería precisamente…

Jensen suspiró suavemente y miró a Jared que estaba sentado en el sofá a su lado, el hombre se limitó a encogerse de hombros.

-Vale, pero no me avergüences, Kane –lo señaló con un dedo. -No me fío de ti ni un pelo.

Chris se puso en pie agitando su tercer Whisky de la noche.

-¡Nos vamos de fiesta, macho! –anunció mirando a David.

Éste sonrió un poco e intentó parecer animado, pero no podía. Se había perdido la mitad de la conversación y se había bebido dos vasos de Whisky casi sin darse cuenta. Es que no había podido concentrarse. Era culpa de Collins que permaneció sentado frente a él con las piernas abiertas, la camisa descolocada y las mejillas sonrojadas por culpa del alcohol. Y seguía mirándolo.

David tenía que ir a donde hubiera mujeres, por favor.

-Venga, vamos –Chris los apremiaba como si fuera un crío, cuando bebía y no había mujeres cerca se ponía insoportable. –Quiero tomarme una copa y ver el ambiente nocturno de San Antonio.

-Bien dicho, Kane.

Jeffrey parecía estar completamente de acuerdo con Chris y pronto se vieron movilizados y casi arrastrados en dirección a los coches. David iba a ir hacia la camioneta de Jared (éste se negaba a ir en el Pajero de Jensen mientras Chris siguiera haciendo bromas sobre ello) cuando escuchó una voz a sus espaldas.

-¿Tengo que ir solo? –Misha metió una mano en el bolsillo de los vaqueros y los miró con expresión triste. –No creo que sea de buenos samaritanos dejarme conducir solo, podría dormirme…

David no entendía por qué Misha quería compañía, Jeffrey ya se despedía de ellos y arrancaba el coche. ¡Que hiciera igual! Tampoco habían bebido tanto como para dormirse al volante. Decidió que lo mejor sería huir vilmente y meterse en el coche, pero la voz de Jared lo frenó en seco.

-David, ¿vas con Misha?

Se giró para mirarlo y juraría que estaba sonriéndole con malicia pero debía ser cosa, una vez más, de su imaginación. David tragó saliva y se volvió hacia Misha que sonreía.

-Vale –negarse hubiera sido una estupidez. –Voy con él.

-Genial, ¡nos vemos en el Smallville! –gritó Jared mientras se metía en el coche y les guiñaba un ojo. David estuvo a punto de ir hasta él y darle una hostia, pero el tío le caía bien y no era su culpa que él tuviera la cabeza hecha un lío por culpa de las dudas. Seguramente sus gestos eran de lo más inocente.

Además, ¿Misha era gay? Es que tampoco lo sabía y solamente había pensado (él y solamente él) que le estaba tirando los tejos, pero también podría ser que el tío fuera así. Qué él tuviera dudas sobre su sexualidad no quería decir que medio San Antonio fuera gay, joder.

Decidió relajarse mientras se dirigía hacia el 4x4 de Misha (¿Allí todo dios tenía coches enormes o qué? ¿Querían compensar algo?). Abrió la puerta del copiloto y tomó asiento al lado de Misha mientras éste ponía el motor en marcha. David se abrochó el cinturón y comenzó a repiquetear con la pierna en el suelo. Misha soltó una risita por lo bajo.

-¿Qué? -masculló quizás más violento de lo que quería.

Collins volvió a reír mientras apoyaba una mano en el asiento del copiloto, David se tensó con violencia y lo miró.

-Oye…

Su queja murió en sus labios cuando se dio cuenta de que Misha solamente estaba mirando hacia atrás para asegurarse de que no hubiera ningún obstáculo. Bien, tampoco era tan raro. Había bebido un poco y quería asegurarse de salir bien. Todo MUY normal, David, se dijo mientras observaba el perfil de Collins. No pudo evitar comenzar a analizarlo. Tenía los labios carnosos, sonrosados y se pasaba la lengua con ellos a menudo, los ojos eran jodidamente azules y el cabello castaño oscuro. Además olía muy bien, demasiado bien.

David pensó que debía estar haciendo el ridículo porque cuando Misha giró la cabeza estaba serio. Serio y a menos de dos palmos de él. Podría besarlo, sí. Acortar la distancia y mandarlo todo a la jodida mierda, que el tío no estaba nada mal ¿no? Se quedaron mirando fijamente más de lo que hubiera considerado normal con un tío antes de que Misha apartara la mirada y la volviera hacia el frente. David tuvo que hostiarse mentalmente contra el salpicadero. Había estado a punto de cometer una gilipollez.


*


Smallville resultó ser un local bastante concurrido, lleno de gente de todo tipo, música que podría ser mejor (pero, sinceramente, si quieres un local concurrido tienes que dar carnaza a la gente y la carnaza musical es lo que encuentras en la MTV y cadenas similares), cuerpos moviéndose al son de la música y ninguna mirada curiosa o inquisidora. Aquello era el paraíso.

David se vio pronto con una copa en la mano y brindando. El Tornado resultó ser como una mezcla explosiva pero deliciosa. Estaba dulce y el sabor del regaliz negro le daba un toque curioso.

Se meneó entre la gente durante un rato riendo con Chris, charlando con Jensen como en los viejos tiempo y evitando mirar a Misha demasiado. No sabía qué le pasaba pero a medida que las rondas se volvían más frecuentes y todo comenzaba a dar más vueltas, él se acercaba más a Collins. Era como si se encontrara con un supernova explotando o algo por el estilo, quería acercarse y comprobar hasta dónde alcanzaba su onda expansiva. Pronto se encontró compartiendo un cigarrillo con él, dedos rozándose y palabras al oído por culpa de la música que parecía subir de volumen por momentos.

-¿Estás pasándolo bien? –podía sentir el aliento cálido rozándole el lóbulo de la oreja y sus dedos tocando su cadera mientras se inclinaba para hablarle.

-Sí, genial.

-Me alegro mucho –los dedos en su cadera se hicieron más evidentes y el aliento en su oído más persistente. David sintió un escalofrío y algo removerse por debajo de su cinturón. –Yo también.

-¿Sí?

Se giró para mirarlo un poco y captó como Misha se pasaba la lengua por los labios. Su corazón comenzó a ir más rápido mientras algo parecido al pánico se le instalaba en la garganta.

-Sí, qué tal si-…

-¡Tíos! –Chris apareció de la nada y David no supo si estarle agradecido o mandarlo a la mierda. -¡Venid que os presento a unas tías! No veas con Jeffrey, el tío se conoce a toda la población femenina de San Antonio.
Misha frunció un poco el ceño pero sonrió.

-Yo creo que voy a pasar…

-Cómo quieras, tío.

David se dejó tirar por Chris mientras le lanzaba una última mirada a Collins, era mejor que le presentara a un par de tías y dejarse de gilipolleces. Estaba quedando como un idiota de cuidado.

Puede que Misha se hubiera acercado mucho para hablarle, pero eso podría ser solamente por la música. No sabía sí pretendía ligar con él o solamente iba a sugerirle que le comprara uno de sus ponis.

Pronto descubrió que esa no debía ser su noche porque después de presentarle a las ‘amigas’ de Jeffrey éstas perdieron interés en él al instante, quizás fuera porque estaba mucho más ocupado mirando a Misha. Éste estaba hablando con una chica bastante guapa, bajita y bien proporcionada. O al principio hablaban porque al rato no se podía decir donde terminaba uno y empezaba el otro. No duró mucho antes de que se separaran, pero David quiso irse a darse contra la pared más cercana. Era obvio que el tío no era gay y él había estado a punto de besarlo, joder. Estaba claro que esa noche se merecía un puñetazo o cogerse una borrachera. Decidió que prefería beber antes que meterse en líos.


*


David se dejó guiar fuera del bar, estaba borracho y probablemente no habría podido conducir hasta casa, pero controlaba la situación. Aun así no podía dejar de pensar en que Misha tenía un culo bastante bonito para ser un tío. Así que se lo cogió. Le plantó la mano en el trasero y ya podrían haberlo llamado marica o lo-que-sea porque el culo que tenía bajo la mano era pequeño, duro y seguramente suave.

Misha no se quejó ni dijo nada, lo llevó hasta su coche y abrió la puerta para que pudiera subir.

-Creo que he bebido demasiado –murmuró David acomodándose dentro del coche mientras movía las manos sobre el salpicadero. –Y te acabo de coger el culo. Qué divertido, ¿eh?

Su mente pasó de estado de ‘estoy borracho y todo me da igual’ a un estado de ‘estoy borracho, soy consciente y quiero liarme con un tío’. La puta hostia, vamos.

Collins puso el coche en marcha y no dijo palabra, fueron en silencio durante un rato mientras David se removía. Su mente iba una y otra vez al recuerdo de su aliento caliente en su oído, la mano agarrándolo por la cadera y sus pensamientos comenzaron a hacerse más intenso. ¿Qué sería embestir contra su mano mientras Misha le arañaba la cadera? ¿O sentir comérsela lentamente? Seguro que no era diferente de una tía…
Dios, tenía que dejar de pensar y tenía que hacerlo ya.

-¿No vas a decir nada? –masculló intentado frenar sus pensamientos pero incapaz de que la sangre dejara de fluir hasta su entrepierna de forma casi dolorosa. –Te he cogido el culo, tío. Puedes darme un puñetazo o dejarme tirado en la cuneta, lo que quieras.

Misha le lanzó una mirada exasperada.

-¿Qué?

-Que eres imbécil.

-¡Oye…! Vale, me lo merezco.

Misha soltó otro bufido y David se removió en el asiento intentado que los vaqueros dejaran de joderle allí abajo. Entonces vio la mano de Misha, vio como abandonaba la palanca de cambios y se instalaba en su rodilla, apretando. David se quedó mirando sus dedos largos y flexibles recorrer su pierna suavemente hasta casi (casi) llegar a su entrepierna antes de volver a bajar y subir.

Quiso decir algo pero tenía las palabras atascadas en el pecho.

-Eres lento. Llevo toda la noche intentado conseguir que acabaras en mi cama. O yo en la tuya, pero teniendo en cuenta que estás de visita no sé si sería muy educado.

David tuvo que hacer un esfuerzo sobre humano para dejar de mirar esos jodidos y perfectos dedos, pero consiguió enfocar la mirada en Misha que seguía con la vista en la carretera.

-Oh, vale –se quedó callado un instante, dudando. -¿Estamos hablando de lo mismo?

Lo siguiente fue muy rápido y casi se lo pierde. Misha dio un volantazo con el coche y se metió en un camino secundario que parecía totalmente desierto, David lo miró sin saber muy bien si tenían que ir en esa dirección o iba a matarlo y enterrarlo en mitad del campo.

-Tío, ¿dónde vamos? –su mente de borracho comenzaba a entrar en una espiral de pánico y estupidez. -¿Vas a secuestrarme, cortarme en cachitos y darme de comer a los pollos? Puedo soportar cualquier cosa pero pollos no, por favor. Ser comida de pollos sería como caer muy bajo. No me gustan los pollos, son…

Un escalofrío le recorrió la espalda cuando Misha paró el coche y lo siguiente que supo era que tenía sus manos en las mejillas y sus labios carnosos contra los suyos. Tardó un par de segundos en procesar que Misha no quería matarlo, al menos no de la manera que implicara dolor.

Los labios siguieron insistiendo firmes y suaves hasta que sintió la humedad cálida que sólo podía ser la lengua de Misha. Su mente explotó en ese mismo instante. Mandó a la mierda cualquier pensamiento coherente y abrió la boca, pero no solo para recibir el beso sino que se lanzó a comerle los labios a Misha de forma casi desesperada. Collins le puso una mano en la cadera apretando y David se giro para intentar encontrar el mejor ángulo para el beso.

Se besaron con desesperación durante lo que pareció una eternidad, tocándose donde podían a causa del pequeño espacio y maniobrando para no clavarse el salpicadero o cualquier otra parte del coche.

David soltó un gruñido agarrando a Misha por las caderas e intentando que acabara sobre él.

-Detrás… -Misha tomó aire hablando contra sus labios. –Vamos… vamos, detrás.

-Sí, v-vale.

Se volvieron a besar con demasiada lengua, mordiéndose a cada embestida de sus labios, gimiéndose en busca de más.

-Detrás… venga, detrás. Más espacio.

Misha fue el primero en separarse y David no tardó ni dos segundos en bajarse del coche, sus piernas temblando aunque no estaba seguro si a causa del alcohol o porque toda la sangre de su cuerpo se estaba agolpando en su entrepierna. No había acabado de cerrar la puerta cuando Misha apareció frente a él, las pupilas dilatas y los labios completamente hinchados por culpa de los besos. Collins lo empujó contra la puerta y embistió contra sus labios, David lo agarró con fuerza por el culo pegándolo más contra él haciéndolo notar como estaba por culpa de sus besos. Misha movió las caderas contra las suyas y no pudo evitar soltar un gemido con fuerza, estaba a punto de volverse loco.

Le mordió los labios y embistió con sus caderas casi sin darse cuenta, solamente necesitaba sentir más. Una de sus manos se movió desde el culo de Collins hasta su cuello y lo besó más profundamente aún. No sabía que quería, pero estaba peligrosamente cerca de terminar sólo y dentro de sus pantalones.

Volvió a gruñir cuando Misha se separó de él, tirando de su cinturón y abriéndole la bragueta. Sintió los labios de Collins morderle el mentón y sus mano tocarlo por encima de los pantalones, casi con reverencia.

-Tío…

No sabía qué decir, solamente quería esa mano dentro de los pantalones o lo que fuera. Daba igual, sólo necesitaba correrse. No era normal la cantidad de reacciones que podía causar ese tío en su cuerpo. David soltó un gemido anhelante y se mordió los labios cuando lo sintió apretar sobre la tela de los calzoncillos.

-Shhhh –Misha le chistó suavemente contra los labios antes de separarse por completo y caer de rodillas. –Tranquilo, grandullón. Yo me encargo.

David sintió cómo su respiración se volvía casi inexistente en su pecho mientras lo observaba bajarle los pantalones, lamerse suavemente los labios y masturbarlo suavemente antes de acercar la boca con una lentitud casi dolorosa. David dudó, demasiado caliente, entre mirar o no pero finalmente acabó por bajar la mirada cuando sintió la humedad rodear la punta de su polla y unos labios suaves envolverlo. Dios. Se iba a morir. Misha estaba de rodillas, chupándosela, y lo miraba. David podía ver el brillo de sus ojos claros incluso en la oscuridad solo quebrada por la luz de los faros del coche, podía ver sus labios envolverlo y la sonrisa que tenía mientras se inclinaba lentamente y engullía hasta el fondo.

Soltó un siseo y se mordió los labios mirándolo mover la cabeza lentamente de vuelta hacia atrás antes de volver a hacer el mismo movimiento una y otra vez. David podía ver sus labios brillando y su lengua moverse lentamente alrededor de la punta, mandado descargas eléctricas casi destructivas a todos los nervios de su cuerpo.

Dios, se la estaba chupando un hombre y resultaba que estaba siendo una de las mejores mamadas que le habían hecho en su vida.

-Oh, joder.

Echo la cabeza hacia atrás y puso una mano sobre la cabeza de Misha, pero sin llegar a atraerlo para entrar más hondo en su garganta. No hacía falta. Collins sabía lo que hacía y tal como tenía que hacerlo, lo llevaba hasta el borde del precipicio antes de detenerse en caricias nimias. David tenía una de las manos de Misha en la base de su erección y otra en el estomago, acariciando con esos dedos largos y esbeltos.

Joder.

-¿Te vas a correr? -su cuerpo dio una sacudida casi dolorosa al sentir el aliento cálido sobre la punta de su polla casi matándolo de placer. –Hmmmm…

Misha acompañó su ronroneo con un largo lametón sobre el glande, lento y casi doloso.

David sintió que todas sus neuronas colapsaban y todo resto de cordura abandonaba su cuerpo mientras Misha volvía a tomarlo por completo en su boca. Embistió sin pensarlo hundiendo la mano en el cabello de Collins, mordiéndose los labios, sintiendo que todo se volvía fuego líquido en su estomago. Se corrió casi son desesperación moviendo las caderas contra la boca de Misha.

Aún intentaba recobrarse del orgasmo cuando sintió los labios de Misha en el cuello, su nariz recorriéndole la mandíbula antes de sentirlo en el oído mordiéndole suavemente el lóbulo de la oreja. David respiró con dificultad mientras una mano de Misha se colaba bajo su camisa acariciándole el vientre, el hombre movió las caderas contra su pierna y él se dio cuenta de que allí abajo alguien seguía completamente empalmado.

Vale, tenía que solucionar eso. Era lo justo.

Buscó la boca de Misha y lo besó profundamente mientras le abría los pantalones, bajándolos un poco. Su mano se coló dentro de la ropa interior y sonrió sin saber porqué. Nunca había tocado así a otro tío pero no era desagradable, era curioso sentir la dureza y la humedad contra la mano y sentirlo gemir a cada movimiento que hacía. Solamente tenía que pensar en que le gustaba a él y darle un poco a la imaginación, lo demás era dejarse llevar.

-¿Te gusta?

No solía hablar, no era algo que hiciera habitualmente durante sus polvos pero Collins tenía una voz bonita, casi rugosa cuando estaba excitado y quería escucharla. No sabía por qué pero así era.

-Sí.

Misha movió las caderas contra su mano y soltó un gemido cuando David se detuvo un poco más de lo necesario sobre la punta de su polla, apretando. Sentía que se volvía más húmedo por momentos y cómo su entrepierna cobraba vida con cada uno de los gemidos de Collins. Aceleró el ritmo de la mano mientras se enfrascaban en un beso casi demencial. Había demasiada lengua, poco coordinación y unos gemidos que no sabía ni de dónde venían pero que eran jodidamente eróticos.

-Ya. Oh, joder. YA.

David hundió la cara en el cuello de Misha y lo mordió hasta que sentir que se volvía líquido entre sus dedos. Collins se corrió con una fuerte sacudida, gimiendo incoherencias y con la piel ardiendo.


*


Fue curioso que lo que le despertara no fuera el ruido sino la falta de él. Estaba acostumbrado a su apartamento, al ruido del tráfico y el griterío del restaurante japonés de enfrente, pero allí solo escuchaba el crujido de la madera de de la casa y poco más.

David se movió un poco en la cama, sintiendo la cabeza pesada y el cuerpo frío. Abrió los ojos, observó la claridad que entraba en la habitación y se giró o al menos hizo el intento de hacerlo porque una mano sobre su pecho le obstaculizó el movimiento. Cuando movió la cabeza se encontró cara a cara con Misha, su pelo revuelto y su perpetua sombra de barba. No pudo evitar hacer un pequeño ruido mientras levantaba un poco la cabeza para mirarse comprobando que seguía vestido. Los recuerdos de lo ocurrido la noche anterior se deslizaron hasta su mente haciéndolo sentirse ligeramente mareado. Podía recordar todo, los besos, las manos en todos lados, el coche (o, mejor dicho, lo que hicieron fuera del coche), recordaba la desesperación por llegar a la cama, caminar a trompicones por la casa y caer en las sábanas, besarse lánguidamente y… luego, debió quedarse dormido.

Soltó un gruñido moviéndose debajo del brazo, Misha cambió un poco de postura metiendo los dos brazos bajo la almohada y sacando un poco de culo. David sonrió casi sin darse cuenta recordando la noche anterior que habían estado a punto de follar pero no habían terminado la faena, ¿se sentiría Misha con ganas de un revolcón mañanero? La idea le atraía y se sentía extrañamente relajado, tenía confianza en ese tío. Probablemente con otro habría salido corriendo y estaría intentando ahogarse en el río más cercano, pero con Misha sintió que podía ser él. Su cuerpo parecía estar de acuerdo, pero aun así una parte de él se resistía. Sí, tenía confianza en Misha, pero tampoco quería asaltarlo mientras dormía o algo por estilo. Cómo tampoco quería que se sintiera usado.

Soltó un gruñido al darse cuenta de que se estaba empalmándose, no podía evitarlo. ¿Qué tenía que hacer? ¿Pasarse el resto de su vida pensando cómo sería llegar hasta el final? Se estaba cansando de ser un cobarde, ¿qué tan malo podía ser follar con un tío? Ya se la había chupado la noche anterior y no le había desagradado en absoluto. Y él lo había masturbado y le había gustado sentirlo gimiendo contra él, corriéndose entre sus dedos… ¿Cómo sería intentar llegar hasta el final? No tenía que atacarlo. Un par de besos y alguna caricia, que él decidiera cuando se despertara (aunque por lo hecho la noche anterior no parecía que fuera a rechazarlo…)

David se incorporó un poco en la cama para acercase a Misha, pasó los labios sobre la piel expuesta de su cuello y deslizó una de sus manos lentamente hasta su culo. Le gustaba su trasero. Quizás iba a desarrollar una especie de obsesión insana por los culos masculinos o, quizás, Collins era especialmente atrayente.

Siguió besando su cuello sintiéndose un poco acosador por el acto. Metió la mano debajo de la camisa que llevaba el hombre y recorrió su lumbago con suavidad. Misha se removió debajo de él, avisándolo de que estaba despertando y David dudó si seguir con sus caricias o no, pero el hombre lo solucionó todo cuando se dio la vuelta con una sonrisa dormida entre los labios.

-Buenos días –murmuró desesperándose un poco y sin parecer preocupado por despertarse con un tío comiéndole el cuello y tocándole el culo con una mano.

No sabía si su sonrisa perezosa era una invitación a seguir, así que probó agachándose y cubriendo sus labios con los suyos. Misha entreabrió la boca al instante y David se dedicó a darle un beso largo y húmedo. Se movió casi por instinto, lo único que quería hacer era besar a Misha y quitarle la ropa. Quería verlo desnudo.

Se enredaron un poco mientras se desvestían especialmente con los zapatos que no se habían quitado la noche anterior y la risa comenzó a fluir entre ellos casi sin darse cuenta. Misha consiguió sacarse las botas antes de subirse a horcajadas sobre las caderas de David y chistar entre risas.

-Aquí las paredes son de papel y pueden enterarse.

David volvió a soltar una risotada y Misha aprovechó que estaba distraído para sacarse la camisa y desabrocharse los pantalones del vaquero. David se quedó callado mientras observaba su pecho fibroso sin una sola señal más allá de una peca o dos y su vientre plano que terminaba en unas caderas estrechas y deliciosas. Le puso las manos en el culo y lo hizo moverse un poco hacia delante, ambos gimieron a la vez.

-Joder, tío…

Misha se inclinó hacia delante para besarlo de una de las maneras más pornográficas que lo habían hecho nunca. Lengua, dientes y manos en el pecho. David solo podía gemir y gruñir cada vez que Collins movía las caderas en círculos y su erección era martirizada dentro de los pantalones.

Su camisa estuvo fuera pronto y fue desechada a un lado sin contemplación. Misha se dedicó a morderle el cuello, delinearle el esternón con la lengua y chuparle un pezón hasta que David solo pudo llevar una mano sobre la entrepierna para darse alivio. Volvieron a rodar por la cama y esta vez Misha quedó contra el colchón con David haciéndose espacio entre sus piernas. Le mordió y lamió el cuello hasta que Collins suplicó por más, moviendo las caderas y consiguiendo que la tensión de sus entrepiernas fuera brutal.

-Quítate los pantalones –consiguió articular David sin saber muy bien cómo.

-¿Estás seguro?

David dudó un instante, ¿estaba seguro? ¿Quería tener a Misha desnudo y completamente a su merced en la cama? Oh, joder. Sí, claro que quería.

-Sí, muy seguro.

Comenzó a quitarle los pantalones casi a trompicones y Misha lo ayudó levantando el culo para poder sacárselos por completo. David peleó un poco antes de quitarle la prenda por completo e hizo ademán de arrojarlo a un lado pero Misha lo detuvo con una mano.

-Espera, tengo… -sacó la cartera del bolsillo trasero y David pudo deshacerse de los pantalones. –Tengo lubricante y un condón.

David lo miró fijamente mientras rebuscaba dentro de la cartera y le pasaba dos envoltorios. Agarró los dos y se quedó mirando uno de ellos fijamente. ¿Lubricante en bolsitas? Vaya…

David miró a Misha y sintió un pequeño tironcito de la ingle, ese tío le hacía estragos en el cuerpo. Estaba delante de él, abierto de piernas, con una evidente erección presionando contra sus calzoncillos y las pupilas dilatadas por el deseo. Era pornografía pura. David se inclinó hacia delante para besarlo y suspiró agradecido cuando sintió como le abría los pantalones y deslizaba su mano suavemente dentro. Embistió contra su puño y soltó un gemido alto, casi doloroso. Quería más. Se movió sin separarse de sus labios, consiguió bajarle la ropa interior y hacer lo mismo con la suya. No sabía muy qué hacía pero cuando sus erecciones entraron en contacto supo que era justamente eso lo que pretendía. La sensación le arrancó un gemido del fondo de la garganta y comenzó a moverse lentamente. Misha se aferró a sus hombros, cerrando las piernas en torno a sus caderas y se movió con él.

-Dios…

Le hundió la cara en el cuello y respiró hondo, embistiendo contra su polla, aquello era lo más jodidamente genial que había hecho en mucho tiempo.

-Ahhh, Dios –Misha soltó un gemido bastante audible ante de contradecirse a sí mismo y chistar, los iban a escuchar. –Oh, joder. ¿No prefieres… d-dentro?

David se separó un poco para mirarlo a la cara. ¿Qué pretendía decir con dentro?

-¿Dentro? –casi graznó y se arrepintió al instante cuando escuchó la risa de Misha. Pues dentro de él, ¿qué otro dentro iba a ser? –Sí, claro, sí. Dentro, vale. Dentro.

Se separó de Collins haciendo un gran esfuerzo y lo miró jadeando debajo de él. Bien, ¿ahora qué? Lubricante, dedos, culo. Bien, se sabía la teoría.

Cogió el pequeño sobre de lubricante y lo aguantó con los dientes mientras maniobraba para quitarse del todo los pantalones y los calzoncillos. Sintió como Misha hacia lo mismo con su ropa interior y dos segundos después ambos estaban desnudos en la cama. David lo miró y sintió cómo su polla palpitaba con fuerza al ver a Collins. ¿Ese tío tenía algo que no fuera jodidamente erótico? Porque se estaba masturbando delante de él, casi con pereza y esos dedos debían ser pecado o algo. No era normal.

-No hagas eso.

-¿El qué? –Misha se pasó el pulgar por el glande esparciendo humedad.

-Eso, joder.

Collins soltó una risita y lo atrajo hacia él para besarlo, David se entregó por completo a la sensación.

-Oye, ¿q-quieres… hmmm, quieres qué yo me… a mí? –Misha tenía la voz áspera y ronca por culpa del placer. -¿Quieres?

David tardó unos segundos en darse cuenta que se ofrecía a lubricarse el mismo. La idea le pareció de lo más sugerente pero quería hacerlo él.

-No, -le miró su erección húmeda casi hipnotizado y sintió deseos de tomarlo con la boca- déjame a mí.

Abrió el sobre de lubricante y se lo untó bien en tres dedos antes de agarrar una pierna de Misha y ponérsela sobre el hombro. Aquello no podía ser diferente que con una chica y él había hecho eso antes, no con muchas mujeres pero alguna había aceptado. Respiró hondo y llevó un dedo lubricado hasta la entrada de Misha y comenzó a moverlo alrededor, tentando la zona antes de atreverse a empujar suavemente. El dedo entró con suavidad pero muy poco a poco. Misha soltó un jadeo y movió las caderas para acercarse hacia él. David se tuvo que morder los labios al sentir lo estrecho que era allí abajo.

Lo observó llevarse una mano hasta la erección y se lamió los labios inconscientemente. Quería chupársela, lo estaba deseándolo así que se inclinó hacia delante y suplantó la mano de Misha por sus labios. Éste soltó un gemido mitad grito al ser cogido desprevenido y comenzó a jadear mientras David intentaba llevar el ritmo de sus labios y a la vez meter otro dedo en su culo. No sabía muy bien qué tenía que hacer con su boca así que se dedicó a experimentar lamiendo la punta, dando pequeños besos y, por último, probando a ver hasta dónde podía metérsela en la boca. Misha le plantó una mano en la nuca pero no empujó, la dejó ahí masajeándole el cabello suavemente mientras no paraba de jadear y gemir moviendo las caderas contra sus dedos, como si quisiera decirle que lo estaba haciendo bien.

-YA, David. Ya –masculló unos minutos después.

David metió otro dedo y se la sacó de la boca haciendo un sonido húmedo.

-¿Qué? –preguntó moviendo los tres dedos en circulo mientras pensaba que no iba a poder aguantar ni tres segundos ahí dentro.

-¡Métela, joder!

Eso era una orden.

-¿Seguro? –lo miró a los ojos y Collins lo agarró por el cuello atrayéndolo hacia él.

-Sí, joder -le dio un beso cargado de lujuria antes de dejarlo ir. –Métela.

David sacó los dedos y buscó el preservativo en la mesilla de noche. Lo abrió y se lo colocó aguantando la respiración antes de inclinarse hacia delante agarrando las caderas de Misha. Éste le subió una pierna sobre el hombro y soltó un gemido cuando David comenzó a deslizarse dentro con una suavidad casi abrumadora.

Embistió un poco hasta el fondo y se quedó aguantando la respiración. Misha era demasiado estrecho y él hacía mucho que no estaba tan excitado y tenía pánico de correrse al segundo movimiento. Comenzó a moverse casi sin darse cuenta, lento y suave, mirando el punto donde se unían los dos cuerpos. Ambos gemían con cada embestida y se dejaban llevar por una espiral casi dolorosa de calor.

-Dios…

Misha movió la otra pierna y la subió sobre el hombro de David mientras le pedía entre gemidos que fuera más rápido. Él comenzó a moverse con más fuerza, embistiendo con los ojos cerrados porque si los abría se encontraba con la visión de Misha masturbándose y eso era demasiado para su cuerpo.

-Ven, j-joder… v-ven…

Se echó hacia delante para encontrarse con los labios de Misha. En otra ocasión se hubiera preguntado cómo el hombre conseguía mantener esa postura, pero en esos momentos solo podía pensar en lo estrecho que era y en cómo sonaba su nombre gemido entre sus labios.

Misha lo dejó ir y llevó una manó hacia el cabecero que golpeaba la pared a cada embestida mientras que la otra se cerraba de nuevo sobre su polla. David lo observó masturbarse al mismo ritmo que él se enteraba en su interior.

-Misha… -el pecho le pesaba y ya no sabía ni quién era, solo existían sus caderas y su pulso acelerado pidiendo más. –Jo-joder… tío. N-no sabes… no sabes… Dios…

Comenzó a imponer un ritmo casi demencial mientras sus gemidos se volvían casi gritos y todo perdía sentido.

Se supo al borde del orgasmo con solo mirar a Misha y se lanzó por el precipicio profundo del placer en cuando vio como éste se corría sobre su propio vientre, manchándose y gritando con fuerza. David movió las caderas más rápido, casi a ciegas y se corrió mientras Misha lo apresaba en su interior a causa de su propio orgasmo.

David se desplomó hacia un lado, sin fuerzas, con la respiración completamente acelerada y todo el cuerpo transpirando. Estuvieron en silencio un par de minutos pero que podría haber sido siglos. David se deshizo del preservativo y miró a Misha que sonreía un poco, respirando con rapidez, aún recobrándose.

-Eso ha sido brutal –masculló.-Creo que voy a tener que darle las gracias a Jared.

-¿Por la cama?

David soltó una risotada y la cama se movió un poco con él haciendo que los muelles chirriaran. Seguramente toda la casa se había enterado de su encuentro sexual de esa mañana.

-Por hacerme ver que hay más posibilidades que las mujeres.

-¿Y eso?

-Llamé a vuestra línea erótica por error y estuve hablando con Jared, creo que gracias a él me he dado cuenta de que… bueno, de que los hombres no me desagradan.

Hubo un silencio seguido de una risita y David se incorporó un poco para mirar a Misha con una ceja alzada.

-¿Qué?

-Pues que puedes agradecérselo pero con quien estuviste hablando fue conmigo.

-¿Cómo? –se terminó de sentar en la cama y lo miró. Misha se giró un poco, sonriente. –Estas de broma, me acordaría de…

-No, te aseguro que era yo –sonrió y bajó el tono de voz que se hizo más suave, ronco y sensual. David sintió una oleada de calor recorrerle el cuerpo. –Cambio un poco mi voz.

-¿Y cómo sabes que hablaste precisamente conmigo? Tenéis que tener montones de llamadas al día –masculló. -¿Y no tenéis cada uno un número diferente?

-Bueno, sí pero nos hacemos favores y ese día estuve haciéndole el turno a Jared porque Chad estaba con gripe y él tenía que ir a la ciudad sin falta.

-Ah, ¿y te acordabas de mi voz? –estaba halagado, la verdad.

-¿Soy sincero? –David asintió. –Mientras charlábamos me contaste que tenías miedo a los pollos, me contaste que tenías verdadero terror –David se estremeció y Misha sonrió- y, bueno, eso no es algo muy común. Realmente no te relacioné con el hombre-con-miedo-a-los-pollos hasta que ayer me lo dijiste en el coche. Me quedé bastante sorprendido y reconocí tu voz. Fue curioso.

-Joder… -era extraño como si todas las piezas estuvieran revueltas y ahora empezaran a encajar.

Estaba tan ensimismado que no sintió el peso de Misha cambiar en la cama, hasta que lo tuvo enfrente y se hizo hueco para subirse a horcajadas sobre sus piernas. Le pasó las manos por los hombros y lo empujó hasta que estuvo completamente tumbado sobre la cama.

-No le des vueltas, David. Las cosas son como deben ser y punto –sonrió. -Yo te hice tener dudas y yo te las he resulto, es poético, ¿verdad?

David soltó un bufido.

-Entonces, ¿me vas a dar las gracias a mí? -Misha sonrió arrugando la nariz e hizo que su voz se volviera baja y grave, como la que usaba al teléfono. –Porque se me ocurren un par de cosas que nos dejamos en el tintero en nuestras charlas, David…

El mentado alzó una ceja y suspiró relajándose por completo, al fin y al cabo uno de los motivos para ir a Texas era ese, ¿no? Ahora no tenía dudas y tenía ganas de recuperar el tiempo perdido.

FIN.
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